La temporada llega a su fin, y resulta difícil quedarse con un único momento: desde la carrera a pie subiendo el monte pelado del actual dominador del ciclismo internacional hasta el monumento que vimos por obra y gracia de Tomekke en la Roubaix, pasando por el desplante del actual campeón del mundo a la maldición del arcobaleno o por la desgracia del holandés de impronunciable apellido en un Giro que demostró que debemos tenerlo en cuenta para grandes vueltas venideras.
Quizás la temporada que el dominio español llegó a su fin con la pseudo retirada de Purito, el calendario ridículo de Valverde o la aparente cuesta abajo de Contador sin que se vislumbren nuevos nombres en el panorama nacional. La temporada del adiós de un Cancellara aún en plenitud física como demostró en la disputada CRI de los JJOO, pero que no pudo redondear en otros grandes escenarios. Y por supuesto la temporada en que los colombianos ratifican lo que se preveía, empieza una nueva época, de dominio del país sudamericana con Quintana, Chaves, Uran, Henao y Gaviria como máximos exponentes.
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